Durante esta crisis económica mundial muchos países han sufrido los rigores del desabastecimiento externo y del propio por la falta de insumos para sus operaciones. La sociedad de consumo ha sabido que puede seguir creando necesidades pero sin una multitud que las digiera no logrará la voz enorgullecida de los analistas hablando de crecimiento y otros términos que a dicha sociedad justifica.
Debido a la crisis, las potencias miden con más tino de donde saldrán las guerras interesantes que comprometan movimiento de tropa, logística, armamento, entrenamiento y que obligue a los organismos humanitarios a gastar recursos de Naciones Unidas para justificar su existencia , y a los medios de comunicación a tener patrocinadores costosos para crecer en instalaciones, empleados y capacitaciones en cubrimientos exhaustivos que capturen las escenas más dantescas que remuevan el alma de algunos y justifiquen en los bolsillos de otros el incremento del poder en defensa. Los cadáveres serán contados y enterrados en cementerios con tumbas separadas, los que tengan dolientes y, al montón, en fosa común, los que carezcan de dinero, de rango y de afecto y que tengan como apellidos el de pobres.
Para la vanidad corporal se cercaron los gastos y del espíritu algunos cambiaron a apócrifas creencias y religiones que familiares cercanos nunca sospecharon. Para otros, el alma se encogió y su opción fue la de posar como el más fracasado reduciendo su voz a un murmullo y siendo serviles por un pedazo de pan hasta volverse desconocidos a aquellos que antes los vieron como prósperos. La crisis se les volvió de merecida atención y mención constante, al punto que pensar en su fin podría ser una catástrofe sin la cual no podrían vivir.
Otros, sintieron el derrumbe de sus vidas. Si lo material se les iba, también algo de sus adentros quería llevarse todo. Los embargos, los atrasos en las cuentas, los proyectos aplazados, les dejó el alma en escombros y socavó sus personalidades al punto de optar por el abandono y dedicarse a la libación en bares de fracasados donde se remuerde el pasado de placer y el recuerdo se viste de afectos con tufos y resacas de prendería. Sumando así más problemas al problema, quedaron al borde del balcón de la nada, muchos se suicidaron desde peñascos urbanos y de mar, otros se arrojaron al tren o al plomo en sus sienes, acabando así la vida que no es vida si tiene trincheras crueles, la existencia que cada uno merece desde su atención al espíritu inquieto, la angustia ante la vida que existencial se vuelve hasta por la falta de un carro, no en la esencia misma del Ser y la nada.
Otros, aprendieron que sus espíritus deberían someterse a estudio personal y después de arduas introspecciones concluyeron que las crisis como la vida misma son pasajeras y no merecen la importancia hasta convertirlas en arrasadoras, sólo debían cuidarse de ellas y esperar que como el ciclón se fuera para hacer balances propios y evaluaciones de los afectos que servían en tiempo de crisis. Así los tiempos difíciles se convertirían en oportunidades para escoger amistades, saber de parientes cercanos valiosos y socios que fueron siempre leales en los momentos más oscuros.
Mario Salinas. Medellín. Colombia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario