Amor, no sabes de mi dolor.
Está adentro de mi pecho,
como si el cuerpo
tuviera de rehén a la tristeza
y la risa se mantuviese sumisa,
congelada en una esquina del alma.
Amor. Muerde mi labio para sentirme vivo,
así, hasta yo sabré del sabor amargo
que a cada respiro se me pega,
hasta razón tendré si sospecho mi propio funeral
al no saberte feliz en tu expresión,
muerto estaré.
Amor. Abraza mi dolor desde afuera,
aquí, a lo íntimo de mis soledades
tienen veto personas felices como tú,
mal haría al contagiarte de esta lágrima
que me horada como gota tibia,
que perfora ese tejido invisible y frío
que recubre el misterio de la nada.
Amor. Busca otro ser…el mío yace ausente.
vuela en el limbo de la existencia
contrariando los principios de la vida,
maldiciendo el vivir,
asido al vacío, al ¡No!
Por todo esto, amor,
hazte allá, donde todo entretiene
y con aquellos que justifican sus vidas,
aquí, en el tedio de la existencia mía
-Nunca más querré tenerte-.
MARIO SALINAS.
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