lunes, 24 de junio de 2013

TU AUSENCIA

Comienza otro día
Con el bostezo del sol en la montaña
Desarrugando la piel de la mañana.

Pretende parir su embarazo de veinticuatro horas
Con cada uno de los sesenta minutos
Y el grito angustioso de sus titilantes segundos.

Así, en su necedad de ser día,
Obligado estaré a vivir sin tu presencia
Hasta la huida del luminoso astro
Con su despedida en la policromía del ocaso.

Volverá exhausta la noche
Con su firmamento inviolado,
Las estrellas colgando de la nada
Y el ojo blanco del Hacedor de humanos
Mirando nuestros quehaceres,
Sin despabilo,
Sin pestañeo.
Tan solo de cíclope cielo,
Ojo fijo en esta tierra de la que a diario se burla, se ríe.

Y desde aquí,
Desde el púlpito de mi guarida,
Revisaré el camino por el cual llegaste,
Ese mismo, cómplice de tu partida.

Una y otra vez, mi mirada agudizaré
Hasta la pupila cansada de distancia.
Y del parque,
Aquel donde jugamos al beso furtivo,
Al abrazo cálido con confesión eterna,
He de escuchar los aplausos de las palomas
Cuando tus pasos retornen para mi alivio.

Porque más no quiero
Otro día sin tu aroma,
Sin tu piel recogiéndome en abrazo,
Sin el dormitar pulcro de tu aliento de vida.

Porque desde el orto del sol hasta el fugitivo ocaso,
No deseo más días arrullando mis tristezas
Y tú allá adivinando mi presencia
Con ansia mutua por tu ausencia.

MARIO SALINAS

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