Un dictador no mata al menudeo,
Lo hace al por mayor.
Su poder se alimenta del horror
Haciendo de su opositor un reo.
Ocurrió ahora en un país legendario,
Donde coincide de la humanidad su historia,
Otra masacre que a diario
Horadará de nuestra piel su memoria.
Su ejecutor no se llama Hitler, ni Stalin, ni Husein,
Ni Pinochet, ni Somoza, ni Fidel,
Ni Qaddafi, ni Videla, ni Amín,
Tampoco es Daniel, el dictador del mar,
Éste es el déspota de Siria, Bahar,
No se olvide, es: Bahar Al-Assad.
Como a todos los tiranos,
A él lo sostiene la indiferencia internacional
Para asesinar niños y ancianos
Con químicos o alguna otra arma fatal.
Es en serio, fue en Siria, la de Arabia,
Aquella de la hermosa Damasco del jazmín,
Donde campea el monstruo de la guerra sin fin
Que a muchos pueblos ha hecho parias.
Donde vivir aterra y ser infante espanta de cien a mil.
Donde la doble moral de las potencias
Hace eso de ser humano: vil,
Amén de las propias creencias.
Y en Siria, como en otras partes del planeta,
Se espera la intervención del policía del mundo,
Así el comercio de armas será más fecundo
Y a la credibilidad de quien es bueno o malo se reta.
Es en serio, sí fue en Siria.
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