sábado, 18 de enero de 2014

DEL IR ANTE

Como en su nido la oruga,
Despierto desmadejando otro amanecer
De día en fuga,
De anhelo a fenecer.
Muerte súbita la de este día agazapado,
Entretejido, adentro de un año arropado.

Y salgo al mundo quejumbroso,
De latidos infernales,
De aliento brumoso,
De algunos gestos maternales.

Dicha eterna la del viajero
Que muere en geografías distintas,
Que se hace su propio mensajero
Con recados en excelsas tintas.

Puede imbricar su despojo
Con lenguajes distraídos, con grafos de demente.
Hace felicidades el trashumante, de hinojos,
Con gente solapada,  diferente,
Con estallidos que al cerebro reviente.

Y pasa el justiciero rozando mi ojo
Demoliendo con su espada a la víctima de su arrojo.
Saltimbanquis, titiriteros,
Músicos, teatreros,
Saltan ante mi vista borrosa
Con esta y aquella escena escabrosa.

Un benévolo ser mutilado.
Una doncella de mentón cercenado.
Y la mueca raída de ese lucífugo de Satán
Desatan la diferencia entre el bien y el mal.

El hedor de las almas escondido entre los fríos
De los muertos vivientes alejados sin bríos,
Hacen  Del ir ante los miedos de la vida
Con vesania Delirante, de existencia perdida.

Empero, no es más,
Partamos de nuevo hacia sueños invocados
En cansancios de rutina con los seres amados.

MARIO SALINAS


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