DEL
IR ANTE
Como
en su nido la oruga,
Despierto
desmadejando otro amanecer
De
día en fuga,
De
anhelo a fenecer.
Muerte
súbita la de este día agazapado,
Entretejido,
adentro de un año arropado.
Y
salgo al mundo quejumbroso,
De
latidos infernales,
De aliento
brumoso,
De
algunos gestos maternales.
Dicha
eterna la del viajero
Que
muere en geografías distintas,
Que
se hace su propio mensajero
Con
recados en excelsas tintas.
Puede
imbricar su despojo
Con lenguajes
distraídos, con grafos de demente.
Hace
felicidades el trashumante, de hinojos,
Con
gente solapada, diferente,
Con
estallidos que al cerebro reviente.
Y
pasa el justiciero rozando mi ojo
Demoliendo
con su espada a la víctima de su arrojo.
Saltimbanquis,
titiriteros,
Músicos,
teatreros,
Saltan
ante mi vista borrosa
Con
esta y aquella escena escabrosa.
Un
benévolo ser mutilado.
Una
doncella de mentón cercenado.
Y la
mueca raída de ese lucífugo de Satán
Desatan
la diferencia entre el bien y el mal.
El
hedor de las almas escondido entre los fríos
De los
muertos vivientes alejados sin bríos,
Hacen
Del ir ante los miedos de la vida
Con
vesania Delirante, de existencia perdida.
Empero,
no es más,
Partamos
de nuevo hacia sueños invocados
En
cansancios de rutina con los seres amados.
MARIO
SALINAS
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