Por
los caminos de la existencia,
He
subido a montes prohibidos y
En
los terrenos pedregosos,
De
difícil trasegar,
He
caído y levantado
Al
enfrentar como paladín
Mis
propios demonios,
Hasta
que los hechos venzan lo indecible.
En
la vida,
Con
el tiempo en mis manos,
Con
el cansancio a punto de expirar y,
Lo
humano ya,
Aterido
por el frío de la muerte,
He
buscado el cadáver de la tristeza.
Hallarla me ha sido fácil,
Pues
todos la reciben,
La
contemplan y la aman;
La
hacen propia
Y
fingen vencerla con supuestos,
Sin
antes asegurarse
De
quedar con algo de ella
Y,
a la vez, haciéndole saber
Que
le dejan una puerta abierta,
Y así, volver a tenerla.
Encontrar
tristeza en los humanos,
Es
corriente
Como
sus excusas para abrigarla.
Por
ello, no he dado con su cadáver.
La
tristeza está más viva que nunca.
Es
una mantenida de sus portadores,
Vive
en ellos y para ellos,
Exultante,
radiante,
Así
vive la tristeza.
Quizás,
en otros caminos,
He
de buscar el cadáver de la angustia.
@mariosalinas
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