Cuando
iba bordeando el camino
Me
atrapó el vórtice de la tormenta.
Miré
atónito al cielo y me vino
Tu
pelo enmarañado, tu arisca mirada,
En
un pequeño blanco: Tu pie de cenicienta.
Mis
ojos empañados
Los
secó el musgo en la ladera.
Abracé
tu cuerpo ausente,
Tu
calor abrasó el bosque y la pradera.
Los
rayos fueron tus miedos fugitivos,
Fueron
los míos, de recuerdos vivos.
Supliqué
a los dioses, no parase la lluvia pertinaz.
Te
vi en su ventisca. En su afanada garganta: Te vi más.
Fueron
esas gotas multiplicadas
Como
tus besos pausados en mi piel.
Fue
la última sombra negra de la nube
Una
despedida del cielo, como miel.
Ahí
quedé, esperando tu aparición.
Pasó
raudo el tiempo
Y
la calma regresó como canción.
Sólo
testigos, los cansados árboles,
Algunos peinados de lado,
Miraban
las nubes en arreboles
Y
traqueaban queriendo ser tu voz
Voceando
a campo abierto:
Este amor en tormenta de los dos.
@mariiosalinas61
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