Enero, aún de resaca moral por sus once hermanos ya vencidos. Añadiduras,
los trescientos sesenta y cinco días pasados en remojos de recuerdos.
Mes de resúmenes necios y comentarios atados a cifras
falaces sobre lo que fue. Sacado de su núcleo feliz, como embrión sin edad, a
las infamias de las rutinas del arrogante humano, acicalado por sus triunfos
vanos, lleno de nada y de todo a la vez.
Enero, el diferente, sufre la burla de sus once filiales
venideros, pues ellos han de cargar con menos peso en expectativas y cambios
proclamados por el terrícola que nunca cambia; así, promesa es que el próximo enero
será igual al que hoy bosteza en los rincones de las fiestas que el ebrio diciembre
le dejó.
Enero, mes de tantas cosas, y pocas a la vez. Sumido
en el oprobio de ser el primero en todos los años donde las promesas pesan más
que los hechos y no, como en el mes último, donde todo se vale porque la
finitud llegó.
Enero, mes donde el propósito inane desplaza
a la rendición y al que su condición misma lo hace el primer rendido.
@mariosalinas61
@mariosalinas61
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