martes, 10 de abril de 2018

SIN TIEMPO



El tiempo pasaba raudo, veloz como siempre.

El tiempo, sumando sus segundos, sus minutos,
Robustecía las horas de la gente
Dando días a sus vidas con placeres:
Di grandes. Di minutos.
Así, crecían los hijos de año en año
Arrancando algunas exclamaciones de:
¡Cómo pasa el tiempo! ¡Aún les falta mucho!
Refiriendo al adolescente que madura lento.

Seguía la vida en sus rutinas,
Con desánimos y óperas primas.
Era tan solo cumplir la existencia
Con suficiente tiempo a la vivencia.

Empero, de un momento a otro,
De manera inopinada,
El tiempo no corrió en potro,
Es más,
Desapareció, como si nada.

Ante el nuevo hecho,
Nos miramos uno a uno.
Miramos a lado y lado, preocupados,
Buscamos el tiempo, aún esperanzados.

En huertas, ciudades y pueblos,
Hasta en el vientre de los relojes y, en los sueños,
Hurgamos, pero nada,
El tiempo se había fugado entre los vientos.

Enterada la humanidad:
De estar Sin tiempo,
Se sintió desalentada,
Sin motivación, sin ansia,
Frenó su actividad.



Ése, el tiempo,
Era su lubricante, su aceite natural,
El soporte de sus seres
A sus múltiples quehaceres.

Sin él, sin el tiempo,
Nada pasaba,
No había movimiento,
No había vida en los humanos,
Ni en díscolos, ni en normativos,
Tampoco en aquellos, humanos creativos.

Desde dicho momento, todo aquietó:
Los bebés, así, bebés, se quedaron.
Los mayores, no más lo fueron y,
Las juventudes en un finito eterno se amaron.

Con el tiempo ausente se secó la humanidad.
Los yerros, los aciertos, se refugiaron en anónimos;
Huyeron del prójimo,
huyeron de la mano: lo bueno y la maldad.


Ante ese mundo desconocido,
Yo, impertérrito, forcé mi ojo: arriba, abajo.
Yo, quieto quedé, no moví un músculo,
Sólo miré en derredor el desparpajo.
Así estuve y, no fue por minutos, días, ni siglos.
Para nada hubo afanes de retardo,
Tampoco de asistencia a la puntualidad.

Por vez primera,
Me trasladé a senderos insospechados,
Sin moverme, tan solo yendo ligero entre los aires,
Sin peso, sin limitaciones, sin tiempo.
Viajé de regreso al camino
Donde se me rezagó el tiempo.
Conocí lugares inescrutables para los humanos,
Olisqué sustancias inexistentes y,
No viví, No morí:
Por la falta del tiempo.

Después de experiencias inefables,
De andar los mundos inframundos,
De sufrir lo insufrible como humano,
Por fin lo hallé,
A él, al buscado, al tiempo.

Él, quería mantenerse a distancia,
Agazapado en una especie de gruta.
Lo miré en horas, en días inefables.
Me quedé petrificado en infinitos años luz.
Miré, sólo miré lo que pasaba…y
¡Eh! mi sorpresa
Al saber a quién tenía de nuevo por compañía,
Era de nuevo el tiempo y,
Ante mí se solazaba.
Insistente, en poco tiempo
Yo lo abrazaba y,
Él, el tiempo,
Con muecas de lamento sollozaba.

Su rostro cetrino y su temblor de aterido
Lo hacía lucir enfermo, casi moribundo,
Como un paciente con la muerte en su regazo.


Poco a poco, entendí el motivo de su ausencia.
En laberintos insepultos,
Supe que ella, la muerte,
Lo esperó con esa paciencia que a su naturaleza acusa.
En el hilo de su candidez,
Después de muchos tiempos,
En las trampas de la muerte, el tiempo cayó.
Fue seducido por sus trucos innovadores y,
Ante el flirteo de la gélida muerte,
Cuando ella se detuvo,
En sus oscuros  tentáculos, atrapado quedó.

Sin ser mi Ser, del miedo poseso,
Abismado ante el evento,
Vi fenecer al tiempo
En unos de sus últimos segundos.
No aligeré ni espabilé por miedo,
Tan solo por dentro quedé helado
Como si el hielo de la muerte me hubiese tragado,
Como si en algo desde adentro,
Ése engendro me hubiese engañado.

La luna y el sol se movieron un poco.
Yo. Huí como flotando,
Me creí sin fin…algo loco.

Nada volvió a la normalidad,
Si es que normal fuera la vida.
Como si a la totalidad el tiempo pusiera edad.

Finito e infinito se juntaron.
Y, todo acabó.
El universo y sus dioses
Vinieron al funeral del tiempo
Poniendo la vaciedad en sus voces.
Hasta tronó el cabalgar de la primípara big bang
Acentuando sus coces.

Los humanos  quedamos atrapados en la nada,
No fuimos hermanos, no fuimos nada.
Y huyó el miedo a la existencia,
A la misma muerte, quien mantuvo asido al tiempo,
Sintiendo algo de vida desde su misma esencia.


Y yo, fundido entre hielos y fuegos,
Me cobijé con el limbo de la nada,
Por demás, estuve vacío, sin qué preocuparme,
Sin ver nacer, sin morir,
Sin ir, sin venir, lleno de nada:
De nada y para nada, hubo tiempo. 

@mariosalinas61


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