El tiempo pasaba raudo, veloz
como siempre.
El tiempo, sumando sus segundos,
sus minutos,
Robustecía las horas de la
gente
Dando días a sus vidas con
placeres:
Di grandes. Di minutos.
Así, crecían los hijos de año en
año
Arrancando algunas exclamaciones
de:
¡Cómo pasa el tiempo! ¡Aún les falta mucho!
Refiriendo al adolescente que
madura lento.
Seguía la vida en sus rutinas,
Con desánimos y óperas primas.
Era tan solo cumplir la
existencia
Con suficiente tiempo a la
vivencia.
Empero, de un momento a otro,
De manera inopinada,
El tiempo no corrió en potro,
Es más,
Desapareció, como si nada.
Ante el nuevo hecho,
Nos miramos uno a uno.
Miramos a lado y lado, preocupados,
Buscamos el tiempo, aún
esperanzados.
En huertas, ciudades y pueblos,
Hasta en el vientre de los
relojes y, en los sueños,
Hurgamos, pero nada,
El tiempo se había fugado entre
los vientos.
Enterada la humanidad:
De estar Sin tiempo,
Se sintió desalentada,
Sin motivación, sin ansia,
Frenó su actividad.
Ése, el tiempo,
Era su lubricante, su aceite
natural,
El soporte de sus seres
A sus múltiples quehaceres.
Sin él, sin el tiempo,
Nada pasaba,
No había movimiento,
No había vida en los humanos,
Ni en díscolos, ni en normativos,
Tampoco en aquellos, humanos creativos.
Desde dicho momento, todo aquietó:
Los bebés, así, bebés, se
quedaron.
Los mayores, no más lo fueron y,
Las juventudes en un finito
eterno se amaron.
Con el tiempo ausente se secó la
humanidad.
Los yerros, los aciertos, se
refugiaron en anónimos;
Huyeron del prójimo,
huyeron de la mano: lo bueno y la
maldad.
Ante ese mundo desconocido,
Yo, impertérrito, forcé mi ojo: arriba,
abajo.
Yo, quieto quedé, no moví un
músculo,
Sólo miré en derredor el
desparpajo.
Así estuve y, no fue por minutos,
días, ni siglos.
Para nada hubo afanes de retardo,
Tampoco de asistencia a la
puntualidad.
Por vez primera,
Me trasladé a senderos
insospechados,
Sin moverme, tan solo yendo
ligero entre los aires,
Sin peso, sin limitaciones, sin
tiempo.
Viajé de regreso al camino
Donde se me rezagó el tiempo.
Conocí lugares inescrutables para
los humanos,
Olisqué sustancias inexistentes y,
No viví, No morí:
Por la falta del tiempo.
Después de experiencias
inefables,
De andar los mundos inframundos,
De sufrir lo insufrible como
humano,
Por fin lo hallé,
A él, al buscado, al tiempo.
Él, quería mantenerse a
distancia,
Agazapado en una especie de
gruta.
Lo miré en horas, en días
inefables.
Me quedé petrificado en infinitos
años luz.
Miré, sólo miré lo que pasaba…y
¡Eh! mi sorpresa
Al saber a quién tenía de nuevo
por compañía,
Era de nuevo el tiempo y,
Ante mí se solazaba.
Insistente, en poco tiempo
Yo lo abrazaba y,
Él, el tiempo,
Con muecas de lamento sollozaba.
Su rostro cetrino y su temblor de
aterido
Lo hacía lucir enfermo, casi
moribundo,
Como un paciente con la muerte en
su regazo.
Poco a poco, entendí el motivo de
su ausencia.
En laberintos insepultos,
Supe que ella, la muerte,
Lo esperó con esa paciencia que a
su naturaleza acusa.
En el hilo de su candidez,
Después de muchos tiempos,
En las trampas de la muerte, el
tiempo cayó.
Fue seducido por sus trucos
innovadores y,
Ante el flirteo de la gélida
muerte,
Cuando ella se detuvo,
En sus oscuros tentáculos,
atrapado quedó.
Sin ser mi Ser, del miedo poseso,
Abismado ante el evento,
Vi fenecer al tiempo
En unos de sus últimos segundos.
No aligeré ni espabilé por miedo,
Tan solo por dentro quedé helado
Como si el hielo de la muerte me
hubiese tragado,
Como si en algo desde adentro,
Ése engendro me hubiese engañado.
La luna y el sol se movieron un
poco.
Yo. Huí como flotando,
Me creí sin fin…algo loco.
Nada volvió a la normalidad,
Si es que normal fuera la vida.
Como si a la totalidad el tiempo
pusiera edad.
Finito e infinito se juntaron.
Y, todo acabó.
El universo y sus dioses
Vinieron al funeral del tiempo
Poniendo la vaciedad en sus
voces.
Hasta tronó el cabalgar de la primípara
big bang
Acentuando sus coces.
Los humanos quedamos
atrapados en la nada,
No fuimos hermanos, no fuimos
nada.
Y huyó el miedo a la existencia,
A la misma muerte, quien mantuvo
asido al tiempo,
Sintiendo algo de vida desde su
misma esencia.
Y yo, fundido entre hielos y
fuegos,
Me cobijé con el limbo de la
nada,
Por demás, estuve vacío, sin qué
preocuparme,
Sin ver nacer, sin morir,
Sin ir, sin venir, lleno de nada:
De nada y para nada, hubo
tiempo.
@mariosalinas61
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