El
zurcir nuestra constitución no apacigua a los asesinos, menos, la hace
incluyente de las variopintas ideologías y propósitos que a las mayorías
impelen; por el contrario, la ha rebosado de leyes que fungen como trampa de telaraña,
con sus hilos enalteciendo al oportunista tramposo, leguleyo y, hace confuso el
andar por su legalidad.
Como
hace la humanidad, en Colombia prima lo de eliminar -en lo físico o en su
ideología- al oponente a conciliar con él las diferencias. Brota en inquina la
paranoia del rótulo izquierda o derecha -Guerrillero o Paramilitar-; sospechosos
-Liberal o Conservador- en paralelo a eso de antaño vivido por los abuelos, con
justificación para matar. “Es que, un colombiano mata a otro, no hace guerra
con otro país para matar”.
Es
utópica la constitución como la patria donde podríamos caber. Así, el prohibido
de libar jugo de vida, felicidad, prosperidad, en este territorio envidiado por
su geografía, variedad, extensión y potencial productivo. Empero, dicha utopía
permanece ahí para reinventarnos y ha de ser llevada a una realidad en un
revolcón final dado por las juventudes independientes, desintoxicadas,
intocables por la rancia clase política corrupta, hedionda, pestilente -motivadora
de múltiples epítetos-; por los manilargos que han dirigido y de tristes
logros: -mírense nada más sus resultados-.
No en
vano eso de: “La izquierda huela a Mierda- La derecha te maltrecha- El centro
es puro cuento-”, y que vaya inserto en la utopía de nuestra constitución.
@mariosalinas61
No hay comentarios:
Publicar un comentario