viernes, 25 de octubre de 2019

COMO UNA BANDA


Hace de diez lustros, hermano,
Yo, de pequeño,
En la vivienda del velódromo
Miraba el abdomen abultado de la mamá,
Ella irrigaba vida al árbol de caucho
Dador de sombra a la casa solariega,
Abrigadora en vidas de nosotros efebos, del hogar.

Nuestra madre, hidratando ese árbol y a la vez,
Portando tu semilla, sembraba en su ser,
Yo, viéndote en su vientre,
Ensimismado bebé: el sexto en llegar.

Ya éramos una banda de seis hermanos
Recorriendo diferentes ciudades,
En variopintas moradas,
Dirigida por nuestro genial, amado papá,
Él, siempre al frente de su hogar itinerante.

Orgullosos ellos, los padres,
Con sus tres parejas de hijos
Y tú, el menor hermano,
Creciendo entre las lidias que acechan.

Nada es fácil en esta obra llamada vida
Actuando y siguiendo el guion que su director escribe.
Tú, hermano, tuviste como todos en la banda
Los soliloquios que cada uno desde su personaje lee,
Uno: como el que adolece, en su adolescencia,
Otros: de crecer, madurar y fenecer su fruto: hasta podrirse.

En esa banda de hermanos, fuimos púberes,
De retornos en emociones, de idas y venidas,
Deambulando, como el evolucionar impele,
Pero retoños de un buen árbol, de un gran hogar;
De ese nidito protegido, escoltado en amor
Por una madre dedicada y un padre leal.
Fuimos una banda de hermanos
Privilegiada por ese núcleo, con errores humanos,
No con maldad.

Unidos, crecimos al lado de la mamá,
Del papá viajero que retornaba,
Y -siempre estuvimos ahí-
Permanecimos como buena familia.

Llegado su momento,
Cada miembro de la banda desfiló
A prolongar ese hogar en uno propio,
A su estilo, a su manera,
Morigerado por los principios enseñados,
Haciendo homenaje a esa madre -centro de todos-
Permaneciendo en la responsabilidad del padre.
Ya adultos, la banda de hermanos queda,
-con fisuras normales, fragmentada, más no desunida-
Manteniendo en los inconscientes aquel dicho del papá:
“Como arrojados desde un paracaídas, pero siempre juntos”.

Ya, en esa condena inapelable del tiempo,
De parir entre segundos los minutos y las horas,
Los días, los meses…nos vimos con muchos años:
Mayores fuimos, enfrentando las luchas:
Entre yerros y aciertos, propios de la clase media.

Destacadas las formas para vivir
De esta banda de hermanos,
Pero más fue la tuya, el menor.
De contestatario inocentón a adulto que no claudica,
Paladín sobresaliente,
Ejemplo de tesón, persistencia, superación.

Fuimos una banda de seis
Formados en la disciplina rígida de nuestro padre;
Ésa que experimentaste en el cansancio y final de él
Y en la que te debatiste entre su exigencia
Y la ternura proteccionista que te brindó la mamá.

Te convertiste en el menor con mayores razones
Para llegar donde querías; y, así lo hiciste.
Tu vida se descifró en un continuo desafío de:
“Vea que yo sí puedo”.
Tus diez lustros fueron de una lucha inane
Cuando se convirtió en eso de: “lograr para abandonar”;
Cosa de la neurosis que obliga a la repetición…
Hasta el final inexplicable de tus días.

Pero, tus admirables logros, tu vida en: ¡ligero!
Tu existencia corta. Tu afán por ser el centro,
Todo lo tuyo, tuvo su razón en imitación al padre,
Hasta su morir temprano, como él;
Y, el no hacerle daño a nadie, solo haciendo el bien,
Y tú, en tu puesto de trabajo: siendo mejor.

Por esto y más, me quedo con tu positivo recuerdo
El que pertenece a esta banda de hermanos,
La que ahora intuyes desde ese universo,
Al lado del director mayor: nuestro amado padre.

SABEMOS QUE DE ESTE MUNDO NADIE ESCAPA CON VIDA.

@mariosalinas61                  www.mariosalinasv.blogspot.com



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