Hace de diez lustros, hermano,
Yo, de pequeño,
En la vivienda del velódromo
Miraba el abdomen abultado de
la mamá,
Ella irrigaba vida al árbol de
caucho
Dador de sombra a la casa
solariega,
Abrigadora en vidas de nosotros
efebos, del hogar.
Nuestra madre, hidratando ese
árbol y a la vez,
Portando tu semilla, sembraba
en su ser,
Yo, viéndote en su vientre,
Ensimismado bebé: el sexto en
llegar.
Ya éramos una banda de seis
hermanos
Recorriendo diferentes
ciudades,
En variopintas moradas,
Dirigida por nuestro genial,
amado papá,
Él, siempre al frente de su
hogar itinerante.
Orgullosos ellos, los padres,
Con sus tres parejas de hijos
Y tú, el menor hermano,
Creciendo entre las lidias que
acechan.
Nada es fácil en esta obra
llamada vida
Actuando y siguiendo el guion
que su director escribe.
Tú, hermano, tuviste como
todos en la banda
Los soliloquios que cada uno
desde su personaje lee,
Uno: como el que adolece, en
su adolescencia,
Otros: de crecer, madurar y fenecer
su fruto: hasta podrirse.
En esa banda de hermanos,
fuimos púberes,
De retornos en emociones, de
idas y venidas,
Deambulando, como el
evolucionar impele,
Pero retoños de un buen árbol,
de un gran hogar;
De ese nidito protegido,
escoltado en amor
Por una madre dedicada y un
padre leal.
Fuimos una banda de hermanos
Privilegiada por ese núcleo,
con errores humanos,
No con maldad.
Unidos, crecimos al lado de la
mamá,
Del papá viajero que retornaba,
Y -siempre estuvimos ahí-
Permanecimos como buena
familia.
Llegado su momento,
Cada miembro de la banda
desfiló
A prolongar ese hogar en uno
propio,
A su estilo, a su manera,
Morigerado por los principios
enseñados,
Haciendo homenaje a esa madre
-centro de todos-
Permaneciendo en la responsabilidad
del padre.
Ya adultos, la banda de
hermanos queda,
-con fisuras normales,
fragmentada, más no desunida-
Manteniendo en los
inconscientes aquel dicho del papá:
“Como arrojados desde un
paracaídas, pero siempre juntos”.
Ya, en esa condena inapelable
del tiempo,
De parir entre segundos los
minutos y las horas,
Los días, los meses…nos vimos
con muchos años:
Mayores fuimos, enfrentando las
luchas:
Entre yerros y aciertos, propios
de la clase media.
Destacadas las formas para
vivir
De esta banda de hermanos,
Pero más fue la tuya, el
menor.
De contestatario inocentón a
adulto que no claudica,
Paladín sobresaliente,
Ejemplo de tesón, persistencia,
superación.
Fuimos una banda de seis
Formados en la disciplina
rígida de nuestro padre;
Ésa que experimentaste en el
cansancio y final de él
Y en la que te debatiste entre
su exigencia
Y la ternura proteccionista que
te brindó la mamá.
Te convertiste en el menor con
mayores razones
Para llegar donde querías; y,
así lo hiciste.
Tu vida se descifró en un
continuo desafío de:
“Vea que yo sí puedo”.
Tus diez lustros fueron de una
lucha inane
Cuando se convirtió en eso de:
“lograr para abandonar”;
Cosa de la neurosis que obliga
a la repetición…
Hasta el final inexplicable de
tus días.
Pero, tus admirables logros,
tu vida en: ¡ligero!
Tu existencia corta. Tu afán
por ser el centro,
Todo lo tuyo, tuvo su razón en
imitación al padre,
Hasta su morir temprano, como
él;
Y, el no hacerle daño a nadie,
solo haciendo el bien,
Y tú, en tu puesto de trabajo:
siendo mejor.
Por esto y más, me quedo con
tu positivo recuerdo
El que pertenece a esta banda
de hermanos,
La que ahora intuyes desde ese
universo,
Al lado del director mayor: nuestro
amado padre.
SABEMOS QUE DE ESTE MUNDO
NADIE ESCAPA CON VIDA.
@mariosalinas61 www.mariosalinasv.blogspot.com
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