Los
paros, pocos quieren verlos más allá, como otra de las tantas crisis de un país
en crisis que ha soportado innumerables crisis.
Esto,
se podría decir -sin festejo-, es como una manera nuestra de vivir, con raíz y
proceder violento. Además, nadie ha de negar que no es el primer: “borde del
abismo”, hemos tenido múltiples, pareciéramos practicantes de deportes
extremos: muchas veces hemos estado “al borde del abismo”. Lo que sí se ha de
reconocer es que esto de gente marchando, tirando piedra y otros elementos
violentos - y la autoridad enfrentando-, es un escenario diferente en el que se
instala otra de las tantas crisis.
Hoy,
el protestante cree decir mucho voceando arengas contra los gobernantes malos
y, aunque tiene la razón, eso se sabe: “los gobernantes en Colombia han sido
malos”; también se sabe y se disimula, que han sido alcahueteados por unos
ciudadanos que ahora quieren repelerlos en medio de actores oportunistas
-externos e internos-, de un tire y afloje de fuerzas con tufo izquierdista podrido,
malintencionado, y de derecha egoísta con grandes intereses económicos -ambas
adineradas-. Lo que debe tener en cuenta ese ciudadano es que lo visto en paros
y protestas, por estos días, no lleva a la solución de botar a esos
gobernantes, tan solo es algo que varios oportunistas aprovecharán, negociarán
bajo la mesa -sea izquierda o derecha -. Pocos intuyen que, con esto, ganan los
vendedores de revoluciones o armadores de caos y que, en esos caos, siempre hay
oportunidades de las que se enriquecen muchos agazapados, actores de los que
pocos sospechan.
En
esto, todos quieren tener la razón llenando la boca de emoción. Pocos se
sientan a estudiar las causas y el fondo. Lo cierto y casi seguro es que, en un
lapso, quizás corto, todo aparentará estar bien y seguirá igual, y otra crisis
querrá superar a esta.
En
Colombia somos y hemos vivido sido así. No hay sospecha de cambio en el modo de
ser colombiano.
@mariosalinas61
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