Llegué ahí en día soleado;
Ellos, horizontales sepultos,
Pareciesen por común acuerdo
Con ojos reemplazados en lapidas mirando al cielo
Sin respirar nuestro aire
Sin respirar nuestro aire
Al sabernos presentes.
A los sentimientos algún desaire.
Fui al barrio del silencio
Donde desisten las fechas,
Las épocas…las navidades,
En regalo no hay vanidades.
El todo y la nada ya están hechos.
Fui allí, con bolsillo de icopor.
Así el desparpajo, carente de emociones,
Y tú ahí, hermano en dolor.
Dudé si ahí estabas.
Solo tengo la certeza que sigues aquí,
Incrustado en estos pensamientos,
En los lamentos, en nuestros corazones.
Donde se ama y no cuenta lo que fui.
Arribé allá,
A ese lugar prohibido a la vida.
Donde la sensibilidad divaga perdida,
Quizá la libertad del nosocomio.
Catarsis encontradas en manicomio.
Donde acecha el misterio
-habitante de cementerio-.
Allá se engalana la tristeza: vil, pérfida.
Impotente el vivo,
Esperanza momificada, perdida.
En ése, el barrio del silencio,
Los vecinos tranquilos,
Moradores indiferentes al del lado.
Nadie se registra.
Ninguno su muerte administra.
Nada ha de hacerse. Todo se hizo.
Fatal imagen. Escena siniestra.
Estuve…y tú ahí, hermano.
Metido el cuerpo donde no se quiere.
Por pusilánime la vida que se deja,
Obligada a fenecer, no ve el amanecer.
Estuve ahí, inamovible,
Como tu decisión.
No incomodé, no lloré.
Solo éste, mi aliado, mi ejército de letras:
Invencible, retador, blindado.
La vida te dio nuestro amor.
Te fuiste para siempre.
Y eso no me llega, no quiero.
En mi ser la abdicación muero.
La negación a esa finitud me niego.
Estuve ahí, no fue necio.
Te sentí habitando
El barrio del silencio
@ mariosalinas61
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