A mis hijos instruí para la vida
Sin pretensiones recíprocas a futuro.
Lo hice con único recurso:
Amor responsable a sus existencias,
Lealtad a su nido llamado hogar.
A mis hijos guie en primeros juegos
Dándoles seguridad de guerreros,
Corrigiendo a tiempo sus fallas,
Con las mías: humanos en batallas.
Enseñé a levantarse de sus caídas
-Paladines llegando a la meta-.
Aprendices en recaídas
-Sin llantas de al lado, la bicicleta-.
Con mis hijos siempre estuve,
Sus edades no perdí.
En sus risas me entretuve:
-de bebés en bocas desdentadas-.
De sus pasos al caminar viví:
-los nuevos, los de madurez pesada -.
A mis hijos,
Entendí lo que no tenía en darles,
De primero: no ser pobre por la falta del metal.
A ellos enriquecí desde “el cómo me forjé”,
Del “qué estaba yo hecho”, sin billete en el ojal.
Sin maniqueos “del bien, del mal”.
Viví la vida entre trincheras, con trashumancia.
A mis hijos di fuente de sus fortalezas,
Manteniendo la calma, si hay abundancia,
Enfrentando dignos la escasez, sin tristezas.
A mis hijos,
Más que “el buen papá” acredita,
He buscado ser el padre que ellos necesitan,
Pon encima del lujo o la camioneta.
Así el medio justificase sus pataletas.
De mis lecciones:
Vivir la vida como una oportunidad,
Ser felices en este viaje, ligeros de equipaje.
Comprender que es corto y, aunque salvaje,
Gozarlo como obsequio de divinidad.
A mis hijos,
De niños almas fuertes construí.
Con amor, de ellos siempre fui.
Hoy, adultos, son buenos seres humanos.
Con un gran hogar de hermanos,
Leal esposa. En el que todos nos amamos.
Agradecido con la vida me siento.
Soy un papá de corazón contento.
@mariosalinas61
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