No
es la primera pandemia, al mundo ha azotado otras con lecciones, como en una, “de
efímera mejoría de los gobernantes con sus gobernados”; sin embargo, de ésta debemos
aceptar que somos inferiores e iguales frente a su magnitud. Así, ojalá ceda la
soberbia de ese 1% o más, de individuos-acumuladores de la riqueza telúrica-,
reconociendo que ninguno impone, aventaja, del covid-19 sin vacuna, es la
decisión de: “quién se queda y quién se va”.
Esta
crisis cuestiona al capitalismo salvaje que ha deificado a unos pocos del
consumo entre lujos innecesarios, aumentando las injusticias contra mayorías
manipuladas por oportunistas mesiánicos justificadores de su sed al robar, al
matar; ni se diga del comunismo y -otros ismos- que lo hacen en ejercicio, de
hinojos ante un partido. Se desnuda que ningún sistema o ideología ha cumplido
su misión noble de administrar bien a la humanidad. Los mal llamados líderes:
¡Imperan!
Esta,
es una lección entre hojas, de sabiondos de turno -sin asidero científico-, de
conteos exhaustos, de asfixia de redes sociales, de especuladores, ladrones de
contratos; y una lucha incesante frente a la pobreza innegable.
Este
es un llamado del paciente, del sabio ecosistema. Nos dice que debemos
adecuarnos a sus leyes: ¡respetándolo! Si no, habrá más respuestas punitivas.
La
naturaleza seguirá ahí. Nosotros somos
los advenedizos.
Mario
Salinas.
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