No solo Zaita, personaje apócrifo de Mahfuz en
su novela “El callejón de los milagros”, satisfizo necesidades de aspirantes a
mendigos. Lo ha logrado y los fabrica, la concentración de la riqueza telúrica,
las sociedades y sistemas erráticos, liderados por usurpadores de lo público;
estos, paren nómadas sufridos -al por mayor- que deambulan entre selvas de cemento,
acreedores a una deuda que aventajados se sienten en su forma de cobro.
Los mendigos, pululan en
búsqueda de la nada que les llene, rondan sectores preferidos que les den su
beneficio, se adiestran y llegan a ser dueños de maneras convincentes -con sus
heridas físicas, gestos con discurso incluido y llanto de plañidera consagrada-
para ganarse el: “pobrecito” que les haga llegar su sustento, y más. Los hay,
de verdad, necesitados o, de otra “clase social”: andariegos con una mascota o
más, de carreta ambulante con familia a bordo, vendedores de vicio o afines; o,
está el diferente: cargando su colchón en busca de su placidez para la dormida.
Hay mendigos que hacen de ésa
una forma de vida, a no reversar, pues así la experimentan a diario y, usando
palabras riesgosas: “No les va nada mal”; pues, no pagan impuestos, ni
arriendo, menos, servicios públicos. Y, la salud, la tienen a la hora de acosar
a alguna institución gubernamental que se las provea.
Otra arista sobre la producción
de mendigos, la tiene esa máquina invisible, destructora de economías
emergentes, los hacedores de guerras que desplazan y pauperizan pueblos.
También, las grandes economías discriminatorias, aplanadoras y de mirada desdeñosa
a los inmigrantes.
Los mendigos son tan antiguos
como la misma humanidad.
@mariosalinas61
www.mariosalinasv.blogspot.com
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