Como si fuera premisa cumplida, las dictaduras se sostienen
en el acrónimo: MaMeRo (Matar Mentir Robar).
Así, ha sido con algunas dadas desde revoluciones como (la
agraria de Mao o la obrera de los bolcheviques Lenin y Stalin) y que, además,
evolucionando en el tiempo, desdicen principios y a sus fundadores,
cuestionadores de la concentración de riqueza. Otras variopintas dictaduras: (la
de Kim Jong-un, los Castro, Ortega) y de finados: (Amín, Gadafi, Somoza,
Galtieri, Pinochet, Sadam Husein), se suman a la conclusión que su único sostén
es dicha premisa del MaMeRo.
Ni se diga de la actual, en Venezuela, que ha desplazado a
sus (víctimas compatriotas) con hambre, persecución y, de otras ignominias,
hacia Colombia, en su mayoría, convirtiendo a su lindante en comodín de sus fechorías,
haciéndolo candidato a una guerra frontal para derrocar al déspota; tormenta
impensable en un país que ha vivido la violencia y que, así, tan solo rompería
lo tristemente célebre de: “Los colombianos no van a la guerra con otros
países, se matan entre sí”.
@mariosalinas61
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