El viento sutil acariciando tu rostro,
Las hojas trémulas
Saludando el paso de los mártires,
La temperatura febril
En abrazo de verano,
Y tú, reclinada en tu lecho
En sollozos de madre,
La finitud contemplando.
Quedan los recuerdos de niño,
Ese crecer ineluctable,
De etapas felices y, otras,
De boca mustia a una entera:
Pidiendo auxilio.
Solo te digo,
Aunque beber el mar queramos,
Solo un vaso de agua
En nuestro cuerpo tendremos.
En un bostezo infame
La finitud queda.
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