lunes, 29 de abril de 2024

HAY QUE SABER VIVIR LA VIDA.

 La vida hay que saberla vivir. No basta cumplir las normas dictadas por la sociedad, la religiosidad, los credos, los mandatos familiares o los afines que, del “ello”, la existencia demanda. Para gozarla y ser feliz se requiere del pragmatismo que lleva al acceso de lo ofrecido a los humanos en esta bendita tierra.

La vida es como un hermoso auto que requiere de tu destreza para manejarlo y, así disfrutarlo. Es comparable a tener el más preciado vehículo, el más cotizado, el imparable: de carrocería única, brillante, atractiva al ojo y despertador de un sinnúmero de envidias; poseedor de un motor que desarrolle altas velocidades en segundos y, a la vez, tenga las últimas tecnologías para darte un buen gusto mientras viajas en él por el mundo; ni qué decir de sus llantas: deben ser robustas, versátiles, de gran agarre y soporte en las más difíciles maniobras al correr caminos difíciles o, en el caso de la vida, los momentos del caos.

A todo esto, no basta con que el auto sea increíble. Así como es de magnífica la vida debes saberla vivir para llevarte en recorridos gozosos, sin temores y con la confianza que requieres para el disfrute, como la velocidad del auto ejemplar. Así es la vida, como ese auto precioso que todo humano quisiera, comparable a ese vehículo que te dé la satisfacción de montarlo a diario y, en el caso de la vida, saberla vivir feliz.

Pero, como no puede faltar ese “pero” que complementa lo que el contexto expone… para qué un auto de esas dimensiones, el descrito con detalle, ¿si no sabes manejarlo?

En definitiva, la vida tenemos que saberla vivir y, pocos tienen esa manera de hacerlo.

@mariosalinas.co

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario