De los miles de años de la
tierra, lleva cientos la raza humana viviendo en ella con variopintas
efemérides sumadas hasta los tiempos modernos; sin embargo, sus erradas
decisiones la han involucrado en enfrentamientos entre sus miembros y con la
indómita naturaleza, exponiéndose a su propia extinción.
Comunicar dichos eventos
como noticias lo hacen hoy los monstruos de los medios, los manejadores de
redes y demás, de manera secuencial y virulenta -hasta daría para pensar que
antes no ocurrían tantas cosas crueles-; pero siempre han ocurrido, solo que,
esos medios, las pasan en directo, servidas como menú acompañante de cada día
en las rutinas de las masas.
¿Cuál es, hoy, la diferencia
en la transmisión de las noticias? Es que se hace directo a los ojos y oídos de
cada uno de los seres humanos de la explosión demográfica imparable; se transmite
con abuso, sin escrúpulos, con afán de rating, like o los “me gusta” para llenar
bolsillos de magantes de la información. No importa el momento humano, el
escenario, solo prima el morbo que hiperestesie al receptor enfocando a la
víctima con su expresión de dolor al máximo -ojalá en llanto-, así haya perdido
un ser querido o esté desolada en medio de cadáveres expuestos. A esto, como si
fuera una receta, el comunicador debe oscilar las cifras del desastre
haciéndolas apócrifas, de impacto y, además, dar titulares fatales con
llamativos “Extras- Última hora- Es noticia”, ojalá en aumentativos y otros
aditamentos que no suelten al ávido informado.
Hoy, importa llenar
bolsillos con la deshumanización al informar.
@mariosalinasvilla61
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