Como todos volamos del nido,
así hacen nuestros hijos.
Quedamos solos, como padres,
sin ellos, como quedó nuestra madre.
Cuando los hijos se van
y su ausencia física es real,
los amas apegado al recuerdo,
y no está mal.
Solo queda entender que la vida te anuncia
seguirlos amando desde el móvil
y lo que te estén contando.
Cuando los hijos se van,
quedan en tu mente los esfuerzos de la vida,
tu mirada incomprendida
y esa esperanza vana de tenerlos más,
la que, a cada mañana, sabes del todo perdida.
Cuando los hijos se van,
amas los años que los tuviste
y un halo de sorna
porque encogerlos no pudiste
para siempre abrazarlos como tesoros que naciste.
Cuando los hijos se van...
@mariosalinas61
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