Escuché los murmullos del viento
como soplos de misterio,
de fantasmas a paso lento.
Luego vino el movimiento
con arrullos sutiles
al piso que me soportaba.
Era la tierra enfurecida
con su lenguaje natural
que al mismo cielo cimbraba.
Se escucharon los rezos,
las súplicas al creador
de aquellos que solo lo invocan
cuando sienten temor.
Y los pies corrieron sin control,
las manos ajenas a la gestualidad,
edificios desmayados,
calles agrietadas,
la vida humana hecha nada.
Más tierra, menos humanos,
parecían ganar en cada voto
los espíritus desde el más allá.
Se cayó la angustia
y fue realidad:
de siete el terremoto.
@mariosalinas61
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