Recuerdo tu rostro sonrojado
Y la palidez de tu labio
Denotando tu inocencia.
Aún tengo en mi sombra
La calidez de tu abrazo en entrega
Y aquel beso furtivo
Mordiendo la promesa de lealtad para el amor.
De tu cuerpo tengo la caricia hasta tu vientre
Y en él la semilla que produjo vida.
De tu vida y los tres, poseemos alegrías y tristezas,
Hasta de tu razón tengo ésas
Que fueron vivencias necias.
Y todo declinó hasta fenecer en la palabra.
Y la convivencia se fue a distancias
Trayendo la lágrima reprimida.
Y el dolor como presente
Sobrepuso aquella esperanza
Que alguna vez nos cobijó y equilibró la balanza.
Y ahora,
Con el rostro arrebujado,
Pido a los días que troten intensos
Para llegar pronto a esa meta llamada muerte.
Y, hoy, con solo ilusiones,
Siento mi corazón encogido
Ante un posible amanecer inerte.
MARIO SALINAS.
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