En este juego vano de la vida,
Aquí, donde lo de cada uno cuenta de primero,
Así sea simulado el interés por el otro,
Tiramos las cartas a la mesa prohibida
A sabiendas del fuego eterno y la quimera,
So pena del abrazo efímero de esperanza
Y aquello de que “la muerte llega de primera”.
Con la palabra ilegible en la boca del Hacedor,
La sonrisa fresca del bebé nacido
Y ese gesto inexpresivo del que se va,
Jugamos a diario aunque el juego esté perdido.
Y nos ponen la entretención gota a gota.
Y desde el orto del astro luminoso
Hasta el cielo arrugado por el ocaso,
Bailamos la balada del idiota.
Consumiendo fabricados, restos,
Y creencias religiosas,
Momificamos con los años los gestos
De lo que fue una existencia penosa.
Balada trunca, ésta de la vida
Con su juego fatal de efímeras esperanzas.
Voz quejosa del espíritu que cimbra
A ese cuerpo lerdo en sus andanzas.
Juego perdido entre murallas sólidas,
Como el andamiaje íntimo al ser amado
Queda la tristeza en el emparedado
De estancias por juegos demolidas.
MARIO SALINAS.
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