Viajo al fin de los confines
con mi maleta de recuerdos
y la memoria de mis ojos.
Busco, mas no encuentro,
la esencia humana
que feliz la haría
y solo tengo
la mueca del palurdo
que consumiendo ríe.
Con el sudor a cuestas,
a causa del estío,
empaco en el silencio las promesas
y retiro al infinito
lo que no me deja.
Solo la soledad me espera,
en aeropuertos de mundos desconocidos.
Quizás el rostro adusto
de un sabio me reciba
o el abuso de un dictador me atropelle.
Pero viajo trashumante por los ocasos,
sin rendirme ante la falacia
o el perdón hipócrita en un abrazo.
Viajo y viajo,sin destino,
con las felicidades sobre mis hombros
y la ebriedad de mi ego
divagando entre los vinos.
MARIO SALINAS.
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