La nación quedó sumida en una alta depresión ambiental.
Corría el año 1.948 y el agitador de masas,el más popular, había caído bajo un interminable escupitajo de balas
que ahogó todo grito en la capital colombiana.
Así, después de Gaitán,
fue como si algún incógnito hubiese lanzado una cerilla para que otras crecieran incendios.
Aumentó la turba furiosa
y algo llamado: inconsciente colectivo,
hizo que la vesania se adueñara de la patria,
desde entonces hasta nuestros días;
pues Colombia no se apaga,
sigue ardiente,fogosa,
y la violencia es su amante
y las décadas se repiten
haciendo gala de actos inefables
uno u otro grupo.
Todos con sed de sangre,
como si fuera cada uno
"el vampiro de moda",
en la época señalada.
Y,como diría el invidente Borges:
Ser colombiano es un acto de Fé;
porque aún así,ciegos como él,
pero en amor a este terruño,
los colombianos:
estamos,nos vamos y volvemos
a esta patria maldecida por Vallejo
y vitoreada por otros desde afuera,
por esos que la anhelan
desde el frío extremo
de países con tronos de soledades,
u otros donde el tiempo ya no es propio
y el oficio no importa,
pues solo en tu propia patria serías señalado.
Aquí,el colombiano que aún sigue en su territorio,
no añade más quejidos porque no le cabe,
empero las quejas quedan en el aire
y su voluntad pegada a la ira que siente contra otros
o la intolerancia que le produce su prójimo,
pues en Colombia se mata la vida de los propios
y no se responde a amenazas extranjeras.
Sabor inane el que deja ese sentimiento de patria
hacia este país que aún duele.
@mariosalinas61
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