martes, 28 de mayo de 2024

EXPLOSIÓN DEMOGRÁFICA DE LAS ALMAS.

 

Una población aproximada a los ocho mil millones, y la tierra nos cobija con nuestras limitaciones humanas: individuales y colectivas.

La explosión demográfica nos tiene agobiados: -Estorbaos los unos a los otros dijo un señor-, podría exclamar ese desapercibido del común. Sin embargo, al número que cuenta vidas no lo afecta las perdidas durante milenios en catástrofes naturales, pandemias, asesinatos al menudeo y al por mayor en las cruentas guerras. Tampoco lo frena la intencionalidad de las nuevas generaciones de hacer a las mascotas sucedáneas de los hijos. Lo que sí preocupa de la natalidad es su falta de planeación y concentración en sectores urbanos con sus consecuencias violentas debido a la intolerancia en la convivencia; además, no se deben simplificar las respuestas de la naturaleza -con catástrofes humanas- por la demanda desmesurada de los recursos telúricos.

Pero no es preocupante solo el aumento poblacional: “nacen unos - mueren otros”. Según las disímiles teorías religiosas por cada cuerpo que fenece se fuga su alma -no se sabe exactamente a dónde-; empero, si así es, ¿podría intuirse, en ese inefable “dónde” una exponencial explosión demográfica de almas? Sería algo extraño de estudiar, más no preocupante, pues irían a los etéreos confines, a algo afín al espacio sideral sin los problemas demográficos que en la tierra tenemos. En el más allá, en lo intangible, no existen las dimensiones que conocemos y nos limitan…allá, todo cabe. Podría verse como ventaja que, en dicho viaje infinito, las almas no tendrían que cargar con el histórico que acá nos obliga la existencia a cada uno, ese que llevamos a cuestas como humanos: inconsciente y conscientemente; menos, las subyugarían las herencias genéticas, familiares y sociales y, otras que, por su índole, al sufrimiento humano impele.

   Al día, no es reconocida “la explosión demográfica de almas”.

@mariosalinas61

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