Llevo a mi padre
Tatuado en mi alma.
No es un tatuaje común, banal;
Es indeleble, imperecedero, no se puede borrar.
No es uno de juventud actual.
Llevo a mi padre como un tatuaje,
Ni de moda ni de snob;
Es solo mío, único,
De vanidad feliz,
De exhibición egoísta, propia,
Aplaudida por mi Ser;
Tanto es así que,
El tatuaje que es mi padre
Tiene su propio fandom
En recuerdos de lealtades a su figura:
Incondicionales.
Mi tatuaje no se parece a ningún otro.
Su tinta es única,
De mi propia sangre.
Tiene ese trazado histórico que,
Mi gran papá,
Me donó en herencias inaplazables,
En turbulencias inacabables.
Llevo a mi padre tatuado en mi alma
Y nadie lo puede prohibir.
Compruebo que, a más tiempo,
Ese tatuaje es más fuerte,
Más nítido se hace ver y sentir
Con sus colores vivos en sus gestos,
Sus detalles, todo lo de él.
Así la finitud haya abordado a mi viejo,
Hace años, su recuerdo me alegra,
Más vida me da.
Qué vanidad da a mi sentimiento
Llevar a mi padre tatuado en mi alma.
“Dedicado a mi papá.
Día del padre 16 junio 2.024”
De su hijo: Mario
Salinas.
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