Suramérica es una despensa agrícola. Tiene en sus territorios cultivos para el autoabastecimiento y riqueza en su exportación. Desde el brazo panameño a su cono sur, el subcontinente cuenta con proveedores de carne, leche y derivados que cobijan gran parte de las necesidades alimentarias de la humanidad. A esto se suma la riqueza hídrica y la energética en bio-combustibles y fósiles.
El Sur ha carecido de líderes que estén a la altura de sus necesidades. No hay unificador (es) que materialice sus riquezas y revierta en organización para sus países lo que cada región produce. No hay quien derrote por completo el analfabetismo operacional estimulando las democracias productivas de pensamientos propios e independientes, de fronteras comunes – mas no divisorias-, de culturas incluyentes y regionalismos enriquecedores. Hay pobreza de dirigentes en medio de esta riqueza que a Suramérica agobia. Por esto a muchos ha de interesar la división continua que se da entre los dirigentes que quieren hacer sus desacuerdos como si fueran los de sus pueblos. Por esto el “sudaca” migra a Europa y hace labores de paladín para sobrevivir a lo que su origen le negó. Por esto los que logran destacarse, vuelven sólo de paseo y emigran de nuevo dejando tirado lo que les parece insoluble -sus países revolcados en harapos de políticos más pobres que ellos mismos-.
Los pobres ricos de Suramérica no ven que a muchos les interesa la división que algunos de sus dirigentes expelen y que llevan poco a poco a la región a no reconocerse como rica y a sumirse-como está ocurriendo- en el mayor negocio que ha conocido la humanidad: “la venta de armas”. O, ¿qué más explicación hay a que millones de suramericanos tengan contraídos su estómagos y necesidades básicas y sus gobiernos inviertan cifras multimillonarias en armas? O, ¿quién no ve que no sólo los americanos se interesan en venderle armas y material bélico? Vienen rusos, iraníes, Israelíes y otros representantes de la historia bélica humana. Y seguirán viniendo mientras vean a los ricos pobres eligiendo líderes de arcilla.
Mario Salinas
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