jueves, 20 de mayo de 2010

AMENAZADOS

Dicen que después de la tempestad viene la calma. Premisa que se desdice en la concepción y desarrollo del ser humano. A tan solo nueve meses de bienestar intrauterino, a éste lo acecha la existencia borrascosa siendo su estadía en la tierra no el paraíso, menos, la felicidad impoluta que se prometiera a la vida cuando al “Hacedor de Hombres” se le ocurrió instalarla en ella.

(Primera parte)
Al nacer, el ser humano queda sentenciado a morir: - “Es un día de vida un paso más de despedida”-. Al comer, cuenta pocas horas y siente hambre de nuevo para saciar su cíclico apetito. Si Disfruta alguna alegría no escapa a la posibilidad de cercarla con infelicidad. Y si algo lo motiva, no se descarta un evento que pueda dejarle el alma estrecha en el cuerpo…y así le sigue ocurriendo, al menos, mientras pasa la vida.
De las tantas amenazas que oliscan al hombre desde su inicio, huelen las generacionales o heredadas de las efemérides que marcan una época, en general con enfrentamientos militares o la imposición de sistemas políticos regidores de sus destinos y fracasados en su operatividad: como el capitalismo, el comunismo o el socialismo. Por ejemplo, así le ocurrió a los amenazados por la llamada “guerra fría”, producto de la posbélica confrontación en Europa.
En el mundo se reflejaron el hipismo, las libertades con logros del feminismo, el surgimiento de bloques territoriales armados y otras manifestaciones durante la latente destrucción por una hecatombe nuclear. La existencia del individuo se sintió hiperestesiada frente a la posibilidad de un fin cercano, el “para qué” de la vida dependiendo de un tercero justificó su pesadez y abandono de la misma siendo asidero de los movimientos de angustia existencial expresados con magnificencia en las letras o el pincel de elegidos artistas europeos.
Como ésa de “La guerra fría”, vivió antes la humanidad otras épocas en que seres vivos de todas las especies sufrieron sus rigores. Las hubo desde la formación de la tierra con la desaparición de las grandes especies o el desplazamiento de otras acentuando su nomadismo por factores de clima o búsqueda de alimento; se practicó la caza, de humanos, por creencias religiosas o imposición de políticas dictatoriales que amenazaron con la exclusión o exterminación étnica de pueblos abordados por desafortunados invasores.


(Segunda parte)
Al homo del siglo veintiuno, emparedado entre el avance tecnológico y su “Ser” envejeciendo hasta en la vanidad que lo envilece y lleva a esa meta ineludible de la finitud, lo amenaza la “Creencia”, en su fondo y forma, asiéndose a un ser Superior sólo para redimir sus culpas o disculpar sus limitaciones, su comodidad y elusión de los deberes como humano; además de esto, al mamífero andante -“¿racional?”- lo hacen creer los medios de información o comunicación que las suyas son fuentes únicas creíbles para abstraer la verdad, atacando así su sentido crítico y amordazando las dudas inspiradoras en la búsqueda del conocimiento.
Al asediado en cuestión, lo indulta la religión que profese y lo condena en vida aquella que cuestione o ataque, más de ésas le tienen sus representantes acicalados en egos auto imbuidos y sospechosos de todo con el milagro de impunidad heredada de la inmunidad que el de Roma en Occidente les dé. Tratan de drogar su espíritu virulento con profetas de uno y otro bando, con dioses de icopor que llevan a la vesania si alguno a ellos no se acoge; empero y aunque de soslayo el mencionado se lo reconozca, es sólo frente a una doctrina y de sus santos ante la cual sucumbe, es la del “dios terrenal” de la moneda y sus: “san euro y san dólar”, que todo se lo da y resuelve sus antojos y supervivencia si con devoción religiosa los sigue.
Al amenazado le gobiernan su vida, dirigentes elaborados en frías oficinas de políticos intrépidos. Estos lo acechan con sistemas sociales caducos u otros que de ensayo y frustración solo parecen. Desde atriles de verbo inflamado por la falacia le hacen creer en lo imposible, pues partiendo de ellos mismos: nada es posible. Con promesas incumplidas carcomen la fe en la existencia misma y empujan al caos lo que pudo ser viable en aquel que nunca se creyó como un amenazado.
Las amenazas no son siempre tangibles, las hay invisibles que a través de medios publicitados en la legalidad socaban a la víctima hasta apropiarse de su credibilidad y hacerla funcionar como la de cliente en negocio próspero. Crean empresas extremas de infinitas ganancias, como las difusoras del “Fin” de todo: de los tiempos, de la tierra, del universo y la destrucción de la humanidad, basándose en las consecuencias del cambio climático, meteoros que impactarán y la acechanza de fechas oscuras como el año 2.012, dadas por profetas finados como el caso de Nostradamus, utilizado éste como protagonista muñeco de ventrílocuo en la venta de películas, libros y seriales televisivos de altas ganancias para estos empresarios de la calamidad humana.
Así, los amenazados se cuentan por miles de millones en existencias apócrifas ahogadas en consumos compulsivos y recuentos de lo hecho por evoluciones pasadas que al redimido humano hacen involucionar. Y éste no cree todavía que el único respeto para su sobrevivencia debe darlo a la naturaleza que la misma tierra tiene como esencia, la cual le permite contar sus días. Aunque los múltiples problemas del díscolo homo los hace él mismo, su desconocimiento lo lleva a buscar las soluciones en la tierra que él ataca; ésas, las soluciones, yacen fuera, en el universo que a éste impío espera y al cual no accede por sus propias limitaciones, pues el infinito también lo amenaza.
Autor. Mario Salinas.

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