Si la voluntad y el llamado “amor”
siguen abrazados en nuestros días,
dormirás a mi lado, en tu cuerpo,
y hasta podrás serme infiel, en tu mente.
Si algún desconocido con uniforme, civil o religioso,
unge nuestra unión, no será él quien decida su suerte,
tan solo ha de ser la tormenta y el silencio
para sabernos juntos,
O lejanos haciéndonos falta.
Asistirás mi deterioro por el látigo de los años,
dejando mi piel ajada, la frente amplia
O la cabeza tapizada de nieve,
con mis sueños avanzando sigilosos,
robustos de timidez al paso de cada día.
Quizá, llorarás a solas tus remordimientos
por haber decidido tu vida a mi lado,
como si reconocerlo fuera tan grave
como admitirlo que en mí ocurriera.
Quizás, juntos creamos la falacia
de disfrutar los retoños llamados propios,
pues del mundo son.
O, tal vez, estaremos semana tras semana,
año tras año, cubriendo nuestras soledades
Hasta convertirlas en “dependencia”.
O, en la vida de pareja,
tendremos sensatez cuando el llamado de la ausencia
Haga reconocernos el juego tonto al que jugamos:
“Una vida digna a cambio de las libertades abandonadas”,
y busquemos el rincón de algún día para la náusea de la vida,
para el hastío de lo cumplido con perfección
-A pesar de lo imperfectos que somos-.
MARIO SALINAS.
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