Viene con la vida
El alma preñada de dolor.
Y no cuenta
El de un brazo partido
O un músculo aquejado,
Como en el alma ese quemón
Que sale a la superficie
Y hace daño y te hiere adentro,
Y luego se sumerge impune,
Como si nada hubiese hecho ese engendro.
Es el alma que duele como la vida misma.
Se parece a un quejido que viviese adentro,
Una voz que grita o un mugido lento
Que desde el amanecer compañía te promete.
Se te presenta
Como un aparente niño indefenso, al cual recibes,
Para darte cuenta luego
Que te domina,
Que llama a tu cuerpo a sentirlo como dulce dolor:
Del pecho a tu cabeza,
De tu mano hasta la garganta en tristeza.
Va y viene con el tiempo.
Pasa sin importarle si es lunes o festivo
Sólo se te mete con lágrima e incluido ardor.
No conoce redención, ni momentos, ni perdón,
Es dolor del alma que a ti viene sin razón.
Puede presentarse con medios que recibes
Como si tus disculpas necesitases.
Una herida por falsedad humana,
Deslealtad, infidelidad vana
U otra cosa que tan solo termina en simple:
Dolor del alma.
Mario Salinas.
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