sábado, 2 de junio de 2012

EL BOLSILLO

Donde hay dinero está el vivir en la época.
Se abraza una fecha especial
Con obligado respaldo del metal:
La serenata a la madre, el presente al padre, la loción al hermano,
Y otros, donde el consumo hace al humano.

Aunque crea la medicina
En su conocimiento a los órganos del cuerpo,
Sabe poco o no adivina
Sobre el poder del más experto,
De aquel que a la razón a veces declina
Y al corazón puede dejar muerto.

Se trata del mortal “bolsillo”
Que a la vida pone o quita brillo.

Logra miedos, como los heredados por los profetas
A la humanidad y sus historia en grietas.

Es individual, intocable, egoísta.
Llega al más dado de humanista
Y vence el rubor del moralista.

Cuando alguien lo toca
Sin permiso de su dueño,
O se ataca su solidez de roca,
Este órgano, inspirador de ensueños,
Llama la atención con gran empeño
Y llenándose de motivos  valederos
Hace venganza contra los raponeros.

Hay bolsillos de icopor,
Donde su vacío hace eco.
Los hay de tacaño reductor,
Otros, de amplio gusto al embeleco,
O los metódicos que dejan todo seco.

El bolsillo ha de convertir
Al humilde en vanidoso
Y al emergente en poderoso.
Dándole un toque de abundancia
Lo hace viajero a Francia
Y de vuelta ante sus criollos
Logra que en sus relatos haga el oso.

Con el bolsillo, los “Estados” tratan
De resarcir errores ante una muerte;
Así, a los dolientes con dinero miente,
A sabiendas que a la tumba solo rezos la rematan.

El bolsillo duele como el apéndice,
La cabeza o el pulmón.
Mas nada lo llena
Como a la bolsa de valores, plena,
Ni al poeta la pasión.

Por todo esto, es el bolsillo
El órgano más sensible del cuerpo humano.
Comprenderlo no es sencillo,
Hay que asumirlo como parte de su plano.

Y deber es reconocerlo hasta en religiones pecadoras
Donde logra permear las buenas obras.
Y tiene que saberse que en la tierra igual no hay dos
Para en ella competirle a Dios.


MARIO SALINAS

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